OPINIÓN: La selección de Venezuela dio un gran ejemplo

Williams Brito @Willibrito

La clasificación de la selección al mundial es un hecho trascendente. Para que tengan una idea, la Federación Internacional de Baloncesto  agrupa a más de 200 entidades y solo 32 equipos tendrán el privilegio de participar en la Copa del Mundo que se disputará el próximo año en China. Como seguidor del deporte y aficionado del baloncesto desde muy niño, pienso que no se ha valorado en toda su extensión que Venezuela sea uno de los 18 países con boleto asegurado. Para ser sincero, tampoco en los premundiales de 1989, 2001 y 2005 el equipo tricolor ocupó mucho centimetraje en la prensa escrita ni muchos minutos en los medios audiovisuales.

El baloncesto venezolano tiene mucha historia para contar. No se trata solo de trofeos y participaciones en competencias internacionales, sino de todo el movimiento de este deporte desde inicios de siglo pasado. Las fechas y torneos internacionales solo quedan en la memoria de los seguidores más fieles de la disciplina, pero el ciudadano común no está totalmente conectado con los jugadores, entrenadores y todas las personas que trabajaron para alcanzar logros importantes. A pesar de haber competido en tres mundiales (va para el cuarto) y dos juegos olímpicos, muchos venezolanos no entienden la trascendencia de la selección nacional. Pero no todo está perdido, pues la actuación de este combinado en las eliminatorias abre la puerta para una nueva oportunidad. 

Objetivo logrado

Que la gente (hablo en sentido muy general) aún recuerde los nombres de Carl Herrera, Víctor David Díaz, Gabriel Estaba, Yván Olivares y Sam Shepherd, integrantes de los equipos nacionales que triunfaron a finales de los 80 e inicios de los 90, se debe al empuje de la televisión y al resto de los medios. En aquella época, cuando la Liga Especial de Baloncesto estaba en su apogeo, los jugadores eran estrellas en todo el sentido de la palabra. Cada juego era un “Show de televisión” que competía con los programas del momento. Incluso cuando el conjunto ganó notoriedad con el título en el Suramericano de Valencia de 1991, el segundo lugar en el Preolímpico de Portland y la posterior participación en los Juegos de Barcelona de 1992, sus integrantes eran invitados a programas de opinión general, eran rock stars. Pero vino una década de sequía y se perdió todo el impulso. No se crearon nuevos héroes. 

Venezuela en esta oportunidad logró algo significativo que va más allá de la clasificación a China 2019. Pasó con el mejor récord de América (9-1 al igual que Argentina) gracias a un juego colectivo que le permitió superar a rivales de mayor envergadura física.  Si bien las divisiones menores han vivido con limitaciones, la dedicación de la Federación Venezolana para el combinado absoluto durante el último lustro dio excelentes resultados. El equipo actual tiene rostros: Néstor Colmenares, José Vargas, Heissler Guillent, Dwight Lewis, Gregory Echenique, Gregory Vargas, Miguel Ruiz, Pedro Chourio, Jhornan Zamora, Luis Bethelmy, Windi Graterol, Elder Jiménez y otros 12 atletas que participaron en este proceso. A diferencia de los premundiales anteriores (para Argentina 1990 se clasificó en el cuarto lugar, para Indianapolis 2002 de quinto, y para Japón 2006 tercero), la escuadra venezolana logró el pasaporte como una de los mejores del continente.

El trabajo de los jugadores, cuerpo técnico, incluso federativo (incluyendo a la administración pasada), fue efectivo. Con todas las deficiencias que arrastra por años el sistema, se alcanzó un objetivo importante. Reducir este triunfo al círculo del baloncesto limita la promoción de este deporte hacia el resto de la sociedad. Exponerlo como un modelo de superación, como un ejemplo para imponerse de gran forma en condiciones adversas, debe ser la bandera para demostrar la grandeza de la clasificación a China 2019. 

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