Hincha de Huracán cumple su sueño de conocer al ‘diez’ del Deportivo Lara

Mariann García |  @MariannGarcia

«¡Le cambiaste la vida a mi hijo!», expresa un padre agradecido. Sus palabras van dirigidas al jugador del Club Deportivo Lara, David Centeno, quien, después de perder 3-0 ante el Club Atlético Huracán en Copa Libertadores, es sorprendido por un hincha del equipo rival que quiere conocerlo. Un encuentro genuino que borra la amargura de una goleada y resalta la verdadera esencia del fútbol.
Una noche fría en el estadio Tomás Adolfo Ducó de Buenos Aires. Hay poco público en las gradas. Huracán está eliminado de la Libertadores 2019, mientras que el Deportivo Lara busca quedar segundo en el grupo B para pasar a la siguiente fase. Algunos piensan que será un trámite sencillo, otros saben lo peligroso que es un equipo cuando solo se juega el honor.
Los argentinos marcan tres goles y su hinchada grita como si estuviesen clasificando a la próxima ronda. En uno de los asientos está el fiel Antonio Cioffi, un joven que asegura ser fanático de El Globo, como se le conoce a Huracán, desde que era un bebé. Su alegría es compartida en familia: se abrazan, comentan el juego y hasta tienen elogios para el volante venezolano David Centeno. «Me parece que es un jugador muy destacado y da todo en la cancha. Me llama la atención su forma de ser y cómo juega», declara el chico de 15 años.

Luego del pitazo final, ambos equipos se van a los camerinos. A pesar de la goleada, Lara clasifica a la Copa Sudamericana. Los hinchas de Huracán bajan por las escaleras de cemento tan agrietadas como sus sentimientos por un club que solo pudo sumar cuatro puntos en la Copa Libertadores. Antonio y su familia tienen una misión antes de ir a casa: entrar a la zona de camerinos.
«¿Por acá salen los equipos?», pregunta el padre de Antonio. Los periodistas que esperan para entrevistar a los jugadores le responden que sí. Hay movimiento en la zona, salen algunos futbolistas de Huracán para dar declaraciones. El chico sigue parado en el mismo lugar. No le interesa saludar a los jugadores de su equipo. Él quiere la foto con un rival. «¿Saben quién es Centeno? ¿Ya salió?», pregunta con el miedo de haber llegado tarde.
Ha pasado más de una hora, se abre la puerta del camerino donde se encuentra el Deportivo Lara. David Centeno sale con una capucha que cubre parte de su cabeza, su rostro expresa el lamento de una derrota. Los periodistas no le piden declaraciones y él sigue su camino. «¿David, mi hijo se puede tomar una foto contigo?», se escucha un susurro con tonada argentina.  El ‘diez’ del los crepusculares inmediatamente voltea y con una sonrisa le dice que sí. Antonio se coloca de un lado y su hermano menor del otro. «¡Me gusta mucho como juegas, quisiera ser como tú!», comenta en voz baja el volante izquierdo de Pirañas, un equipo pequeño de Parque Patricio.
David está tan sorprendido como su nuevo fanático, quien lo vio por primera vez  a través de la transición del partido de ida que se jugó en el Metropolitano de Cabudare, en Venezuela. «Es un hermoso momento, de esos que te regala el fútbol. Esto es más que un deporte. Después de un 3-0, que un niño del equipo contrario te espere para pedirte la camisa es espectacular», afirma el mediocampista de 26 años que decide ingresar nuevamente al camerino para buscar su camiseta.
Los Cioffi lo siguen hasta la puerta, David sale y le entrega la camiseta negra a Antonio. La felicidad del chico es tan grande como cuando gritaba los tres goles en las gradas. «Valoro mucho que me haya dado su camiseta», exclama nervioso en medio de teléfonos que quieren capturar el momento.
Centeno ha vuelto a sonreír. El encuentro con Antonio le hace recordar que nunca se atrevió a pedirle una foto al rival. «El orgullo no me dejaba», asegura. Aunque confiesa que en el armario de su padre está guardada la camiseta del brasileño Edmilson, que le regalaron en las eliminatorias al Mundial Corea-Japón 2002.
David Centeno atendiendo a los medios de comunicación luego del encuentro (Leopoldo Carrasquero)
El 8 de octubre del 2000, el caraqueño, que en aquel entonces tenía 8 años, viajó a Maracaibo junto a otros niños para participar en una actividad previa al Venezuela-Brasil. Los brasileños golearon 6-0 a la Vinotinto. David estaba triste por el resultado, no sentía afinidad por el rival, pero un amigo de su padre le consiguió la camiseta del centrocampista que, posteriormente, se convertiría en campeón del mundo.  «Se la quedó mi padre. No me la quiere dar», dice entre risas mientras camina al autobús que lo llevará al hotel de concentración.
David Centeno no es mundialista, tampoco ha ganado títulos internacionales. Sin embargo, su gesto y talento quedarán guardados en la memoria de Antonio, quien dejó a un lado los mitos de las rivalidades para mostrarle su admiración a un jugador del equipo contrario.
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