Luis Ariza no abandona la cancha donde murió su padre

Mariann García |  @MariannGarcia

El Polideportivo Roberto Pando de San Lorenzo recibe su primera Copa Libertadores de Futsal. Luis Enrique Ariza, pivot del equipo venezolano Bucaneros de La Guaira, recorre el tabloncillo con tanta seguridad que parece su hogar. En la espalda lleva el número 14 y en la mente el nombre de su padre Orangel, quien falleció jugando el mismo deporte que ahora es su profesión. 
El 8 de marzo de 1996, en San Cristóbal -una de las ciudades más futboleras de Venezuela-, se jugaba otra final en la cancha de Puente Real. En el arco del equipo Leones 23 estaba Orangel Ariza, portero reconocido por su talento y calidad humana. El partido finalizaba sin un ganador. Todos perdieron: el fútbol, la familia Ariza y sus amistades. El papá del niño Luis Enrique, de apenas 3 años, sufría un infarto. 
«Él siempre le decía a mi mamá que se iba a morir en una cancha. Es triste, pero murió haciendo el deporte que le apasionaba», cuenta el jugador de 23 años en la fría Buenos Aires. A pesar de haber compartido muy poco tiempo con su padre, lo mantiene presente como su gran motivación. «Él es la persona que me inspira y siempre está conmigo dándome la fortaleza para asumir cada partido», asegura con el orgullo de llevar su sangre y seguir sus pasos en el rectángulo de madera. 
El pequeño, que veía los partidos desde las gradas, no siente resentimiento por el deporte que le quitó a su progenitor. Por el contrario, también lo vive con pasión y desde muy niño se ha dedicado a patear pelotas. En sus inicios fue parte de las inferiores del Deportivo Táchira, donde estuvo hasta la categoría sub 20. Luego, escucharía el llamado de la especialidad de su papá y se iría al futsal del mismo equipo. De ahí en adelante ha vestido distintas camisetas, pero siempre con el compromiso de dejar el apellido Ariza en lo más alto. 
El espigado futbolista también ha sido parte de la selección de Venezuela en diferentes oportunidades. «No hay nada más lindo que representar a tu país», confiesa después de ser convocado para participar en la Liga Sudamericana que se jugó en diciembre de 2018. 
Por primera vez viste los colores de Bucaneros. Sin embargo, es la segunda ocasión que participa en una Copa Libertadores. Hace un año reforzó al Caracas Futsal Club y cayeron en cuartos de final desde la tanda de penales. En esta edición volvieron a quedar en la misma instancia tras perder 9-4 con Cerro Porteño de Paraguay.
«Un poco triste porque nuestra meta era estar entre los mejores cuatro del torneo», analiza al culminar su participación en el evento continental. El tachirense no se defiende con excusas sobre la eliminación, asume que el grupo estaba conformado por futbolistas de experiencia y tenían para llegar más lejos. 
Luis aún no sabe qué hará con su carrera profesional después de este viaje a Argentina: quedarse en un equipo local o aceptar alguna oferta del extranjero. Por ahora, solo piensa en llegar a Venezuela y reencontrarse con su familia. En casa lo espera su hijo Sebastián, quien, al igual que él cuando era un un bebé, vive el futsal desde las gradas y escucha hablar del talento de su padre. 
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