Elvismar Rodríguez: abanderada de la persistencia

Mariann García |  @MariannGarcia

«Familia, recuerden los votos de hoy». Aparece a diario un mensaje en los grupos de WhatsApp. La distancia entre Venezuela y Japón se equipara con la cantidad de veces que amigos y familiares votaron por Elvismar Rodríguez para que fuese la abanderada en los Juegos Panamericanos Lima 2019. Los repetitivos mensajes tuvieron sus frutos: la judoca porta el tricolor nacional. «No sé si voy a saltar o correr», se imagina entre risas de nervios el momento que tanto ha anhelado.  
El Comité Olímpico de Venezuela (COV) realizó una votación a través de internet y manualmente en los estados del país para elegir al abanderado del evento. Según informó el ente, Rodríguez obtuvo el 45.25% de los votos. «Para mí es un orgullo y honor llevar la bandera de mi país en el desfile. Es una gran bendición. Yo siempre quise serlo y nunca se daba. Ya veo por qué: no era mi momento, pero ya llegó», responde con entusiasmo desde Perú, quien, este viernes 26 de julio, lidera a la delegación venezolana en el Estadio Nacional de Lima.
Desde que el COV anunció los candidatos para ser abanderados, Elvismar pasaba gran parte de su día en la página de votación. «A diario votaba muchas veces», confiesa la atleta de 22 años. Su alegría caribeña la hizo contagiar a todos sus compañeros de clases en Japón, país donde reside desde hace dos años tras recibir una beca excepcional que le otorgó el Comité Olímpico Internacional (COI) para estudiar y entrenar. En inglés, español o japonés, todos votaron.  
Un trabajo en equipo y sin fronteras. La judoca peleaba con su teléfono en el continente asiático cuando la página no abría, mientras que su mamá, la ex atleta Uvilma Ruiz, y su tío Julio Guerra les insistían a sus compañeros de trabajo, conocidos y atletas de su natal estado Bolívar para que votaran por la trigueña. «Mi mamá ya no tiene grupos de WhatsApp, pobrecita hasta en el de la familia la sacaron», suelta entre carcajadas al recordar los mensajes que llegaban a diario para que votaran. 
El 11 de julio, por medio del teléfono que usaba para votar por ella misma, la bolivarense encontró el resultado que tanto había esperado: era la abanderada. Las horas de diferencia no afectaron para celebrar con su madre. «Ese día estaba muy feliz con la noticia. Mi mamá me decía que quería salir corriendo por todo Puerto Ordaz», narra sobre aquel instante de euforia que solo lo supera una medalla o la energía de recorrer un estadio con su tricolor. 
Lima 2019 son los segundos Juegos Panamericanos para Elvismar Rodríguez, los primeros fueron en Toronto 2015. En aquel momento los resultados no la acompañaron, quedó séptima y lo recuerda como un episodio poco amigable. «Toronto fue horrible, nos fue muy mal», rememora sobre una época de conflicto con Ronald Salazar, quien era presidente de la Federación Venezolana de Judo
Ese año, la joven interpuso una denuncia de acoso sobre el federativo y el ente le retiró su apoyo en la ruta a Río 2016. Su entrenadora en ese momento, Katiuska Santaella -actual presidenta de Fevejudo- la ayudó a conseguir apoyo de la federación internacional y, a cuatro meses del magno evento, resurgía para sorprender con su clasificación. Su participación fue breve: cedió en la primera ronda ante la angoleña Antonia Moreira
Cuatro años después, Rodríguez tiene más madurez, suma cuatro medallas en Panamericanos de la especialidad, siete en Grand Prix, cuatro en Grand Slam y destacados podios en eventos del ciclo olímpico. Además, desde hace dos años estudia en la Universidad de Tokái. «Estoy en la tierra donde nació el judo y eso me ha ayudado a mejorar mi combate en el piso, la residencia y a corregir la técnica», comenta. 
La atleta, que compite en la categoría 70 kg, asegura que está lista para destacar en el tatami peruano. «Quiero tener un buen resultado. Voy a dar lo mejor de mí», promete sin decir de qué color será la medalla que se va a colgar en su cuello, pero con la firme convicción de dejar a su país en lo más alto. 
Por ahora, las luces y los focos de las cámaras se ríen con su sencillez y carisma. La distancia entre Venezuela y Japón se vuelve a acortar, aunque esta vez no es para una votación; sino para ver a través de televisores, computadoras y teléfonos cómo la muchacha del estado Bolívar cumple su sueño de ondear la bandera que la arropa en cada competición. 
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