Barnes: “En Venezuela ven el beisbol con la misma emoción con la que yo lo juego”

Brandon Barnes (Leones BBC)

Andrés Espinoza Anchieta |  @AndresEspinoza

Con frecuencia se habla sobre las dificultades que afrontan los peloteros latinos y asiáticos para adaptarse a la cultura norteamericana y luego poder hacerse un nombre en un país donde la fanaticada conoce muy poco, o nada, sobre ellos.

Sin embargo, en esta oportunidad toca plantear el escenario inverso: ¿qué tan complicado resulta para un jugador estadounidense, particularmente un prospecto sin mucho renombre, sumergirse por algunas semanas o meses en el estilo de vida latinoamericano y ganarse a la siempre exigente afición caribeña? Todo eso en el corto margen de tiempo que significa jugar beisbol invernal.

Es allí cuando casos como el de Brandon Barnes no solo salen a relucir, sino que permanecen en la memoria de expertos y aficionados por años y años.

Barnes, quien tuvo su única pasantía por Venezuela hasta la fecha en la temporada 2012-2013 con los Leones del Caracas, apenas disputó 28 juegos con la divisa melenuda. El jardinero venía de una breve pasantía con los Astros en lo que fue su año de estreno en las Grandes Ligas, pero que difícilmente cambió su estatus de “desconocido” para la gran mayoría de los seguidores capitalinos.

¿Cómo es que entonces el californiano, hoy en día de 34 años de edad, logró establecerse como uno de los importados más recordados en tiempo reciente por parte de los fanáticos del club?

“Creo que mantengo una bonita conexión con la fanaticada de Leones porque compartimos la misma pasión por el beisbol. Siento que vieron lo duro que jugaba y que quería ganar cada vez que salía al terreno”, comentó Barnes en una conversación reciente con Deporte Today. “En Venezuela ven el beisbol con la misma emoción con la que yo lo juego”.

En efecto, el grandeliga es recordado por su garra dentro de diamante, algo que muchas veces resulta poco usual en la figura del típico jugador foráneo que asume su participación en el beisbol de invierno con mucha cautela o incluso con el cansancio que trae de varios meses de actividad en los Estados Unidos. Pero hace casi ocho años atrás, Barnes corría cada batazo y perseguía cada elevado como si fuese el día inaugural de la campaña de Grandes Ligas.

“Crecí en Anaheim, así que pude ver a Vladimir Guerrero jugar todos los días”, señaló Barnes sobre la exfigura de los Angelinos y el impacto que tuvo el estilo de juego aguerrido de los latinos en su desarrollo como jugador. “Siempre fui competitivo y nunca quería perder. Creo que por eso juego como lo hago”.

En sus 106 turnos con el uniforme de los metropolitanos, Barnes sacudió 31 imparables, para dejar un promedio de .292 puntos. Además, conectó tres dobles, otro trío de triples, cuatro cuadrangulares, remolcó 20 carreras, anotó 15, dejó un OBP de .353 y un OPS de .844.

“Mi tiempo en la pelota invernal en Venezuela ha sido uno de los mejores momentos que he tenido jugando beisbol. Siempre recordaré a los fanáticos de Leones porque han sido de los más ruidosos, intensos y fieles que he tenido alrededor”, aseguró Barnes, antes de comentar que además de divertida, la experiencia en la capital cumplió su objetivo de pulirlo como pelotero profesional. “Si puedes jugar frente a esos fanáticos gritando, cantando con tambores y bandas sonando, puedes jugar en cualquier ambiente. Eso me enseñó a calmar un poco mi respiración y concentrarme en mis turnos”.

A pesar de su éxito con el Caracas y de sus evidentes condiciones para jugar, el patrullero ha tenido problemas para establecerse en las mayores. Luego de su debut con los Astros en 2012, Barnes ha tenido pasantías sin mucha algarabía por los Rockies, Indios, Mellizos (solo en ligas menores) y por los Rojos, su organización actual.

No obstante, el patrullero esperaba abrir los ojos del alto mando de Cincinnati antes de la suspensión de actividad por la pandemia del coronavirus en la primavera, tras registrar su mejor zafra en las menores en 2019, donde ligó para .253 de average con 95 impulsadas (tope para él en una misma temporada), 30 vuelacercas (tope), 30 dobles y 77 anotadas en las sucursales Triple A de los Indios y Mellizos.

La “locura” de los Caracas-Magallanes

Uno de los escenarios que suele impresionar más a los importados que se uniforman en la LVBP es el choque entre los llamados “Eternos Rivales” del beisbol criollo: Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes. Barnes no es la excepción.

“Esos juegos son una locura. Recuerdo una vez en la que alguien de Magallanes cometió un error y le costó un par de carreras al equipo. Tuvimos que esperar 30 minutos porque estaban lanzando vasos y basura al terreno. Vi a mi alrededor y dije: ‘Esto es una locura”, dijo.

Esa intensidad de los aficionados y lo bien recibida que parecía ser por parte de Barnes, es lo que mantuvo a flote la esperanza melenuda de contar nuevamente con sus servicios más adelante en esa misma campaña o cuando menos en la siguiente. Ninguna de las dos pudo concretarse.

“Sin duda estaba pensando en volver, pero acababa de tener a nuestra primera hija y estábamos a la espera de la segunda para la próxima temporada”, explicó el californiano. “Quería pasar tiempo con mis niñas. Mi familia siempre ha sido lo primero”.

Barnes, quien asegura que hasta el día de hoy interactúa con algunos aficionados del Caracas, no tuvo la oportunidad de recorrer el país como le hubiese gustado debido a las distintas medidas de seguridad que toman los equipos con sus foráneos, mismas que incluyen restricción de salidas; no obstante, el guardabosques conserva una bonita imagen de Venezuela y su gente.

“Recuedo lo hermoso que era el país y lo amable de su gente. Lo que no entendía en ese momento era cómo llegaron al estado en el que estaban políticamente”, comentó Barnes. “Me asusta cuando lo recuerdo y pienso en los Estados Unidos. La gente que no ha ido a Venezuela no se da cuenta de lo mal que está la situación, pero como alguien que estuvo allá e interactuó con gente preciosa en el país, me siento mal (por lo que atraviesan)”.

“CarGo es mi hermano”

Y es que su lazo con Venezuela va más allá de su pasantía con los Leones, pues en su tiempo con los Rockies, Barnes cruzó camino con el criollo Carlos González, uno de sus mejores amigos en la actualidad.

“CarGo es mi hermano, no solo un amigo”, resaltó sobre el también jardinero. “Cuando me cambiaron a Colorado, me tomó como uno de los suyos y me trató como si siempre hubiese estado allí. Nos encantaba la forma en la que el otro jugaba y ambos teníamos ese deseo de ganar. Es un gran amigo y padre. Uno de los swings más hermosos de todos los tiempos, sin duda”, añadió.

Además, Barnes también se reunió hace poco en Cincinnati con el tercera base Eugenio Suárez, compañero de equipo en su tiempo con el Caracas.

“Recientemente estuve en el spring con él. Uno de mis jugadores favoritos de aquel equipo de los Leones. Lo vi crecer y convertirse en la superestrella que es hoy por hoy”, señaló.

Si bien asegura que no tiene una comida típica venezolana favorita, Barnes recordó una gira en la que disfrutó su momento gastronómico preferido.

“Estando en Margarita comí un pescado fresco en la playa y fue mi comida favorita mientras estuve allá”, indicó.

Mucho tiempo ha pasado desde aquella visita, pero si algo es seguro, es que la agresividad de Barnes en el terreno se mantiene viva en la memoria de los aficionados del club. Por su parte, Leones y Venezuela tienen asegurado su lugar en el corazón del ahora veterano.

“Mi parte favorita de mi experiencia allá fue jugar pelota frente a la que considero una de las mejores aficiones de beisbol en el mundo. No recuerdo algún momento o turno en particular, pero sí lo mucho que nos divertíamos jugando juntos en ese equipo cada día. Hice amistades que durarán por siempre”, continuó Barnes. “Solo quiero decir gracias por tratarme como uno más de ustedes y decir que siempre seré un león”.

 

 

 

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