Jesús Luzardo: la radiografía de un “as” que escogió a Venezuela

Jesús Luzardo (Atletics)

Andrés Espinoza Anchieta |  @AndresEspinoza

Jesús Luzardo está muy orgulloso del lugar en el que nació. También lo está de la tierra que lo acogió como uno más de los suyos. Pero no se puede culpar al joven lanzador porque se le antojen más los patacones que el ceviche o porque de niño prefiriera viajar a Maracaibo antes que a algún parque temático de la Florida.

El todavía prospecto, nacido en Perú pero criado en los Estados Unidos, se siente más criollo que la misma arepa gracias a las costumbres inculcadas por sus padres, ambos venezolanos de pura cepa.

“Estuve asignado a Perú de 1996 a 1999 y Jesús nació en Lima en el ’97”, contó Jesús Luzardo padre en una charla con Deporte Today. “Pero en casa siempre mantuvimos las costumbres, la comida venezolana y maracucha, por lo que estuvo más cercano a Venezuela”.

Y es que “Baby Jesus”, cómo es ampliamente conocido el serpentinero de los Atléticos de Oakland en sus redes sociales, tenía de bando a bando un escuadrón de marabinos listos para inyectar el sabor gaitero en sus venas.

“Tanto la familia de mi esposa, como la mía, son bastante grandes”, aseguró el señor Luzardo. “Sus abuelas le hacían comida criolla y mi suegro le hablaba siempre de las Águilas del Zulia. A Jesús le fascinaba ir a Maracaibo de niño y pasar tiempo jugando con sus primos. Él fue registrado como venezolano, tiene su partida de nacimiento de allá y siempre se ha sentido más venezolano”, añadió.

Luego de abandonar Lima cuando Jesús tenía apenas un año y medio de vida, la familia Luzardo se mudó a tiempo completo para Florida, donde el siniestro estudió, creció y firmó.

“En casa tratamos de hablarles en español lo más posible para que no lo perdieran”, indicó Jesús padre sobre la crianza que, junto a su esposa Mónica, le dieron a Jesús junior y a su hermana mayor Diana. “Él estudió todos sus niveles escolares en los Estados Unidos. Siempre fue muy aplicado con sus estudios y le llamaba la atención las áreas de ciencias y geografía. De no ser por el deporte, seguro se hubiese inclinado por el derecho o una licenciatura en negocios”.

Pero era imposible separar al pequeño Jesús de los deportes, y aún cuando su familia fue muy clara en que el factor académico no podía quedar atrás, la pasión deportiva de Luzardo iba más allá de un simple pasatiempo.

“Desde pequeño le gustaban los deportes. Nunca fue un niño que le gustaran mucho los juguetes, sino que prefería jugar afuera con una pelota. Practicó beisbol, fútbol soccer, baloncesto, tenis, golf, equitación, en fin, era muy deportista. Pero la disciplina que adoraba era el beisbol. Lo empezó a jugar desde los tres años y medio de edad”, dijo la cabeza de la familia Luzardo.

Años después, ya no solo se trataba de la pasión, sino que el talento del joven Luzardo comenzó a ser tan evidente como su amor por la gastronomía venezolana.

“Como a las 13 o 14 años vimos que tenía potencial para jugar y cubrirse los estudios con una beca. Esa siempre fue la meta”, explicó Luzardo padre. “Solo pensamos en profesional cuando creció y empezó a lanzar más duro, especialmente en el verano entre sus años de ‘junior’ y ‘senior’ (últimos del bachillerato) Lo dejamos que firmara con el compromiso de que en algún momento obtendría su título universitario, y ahí sigue. Hoy en día continúa estudiando a través de internet. Poco a poco debido a lo ocupado que está, pero ahí va sacando sus materias”.

Con altas expectativas a su alrededor, Luzardo firmó el 20 de junio de 2016 con los Nacionales de Washington, equipo que lo había escogido en la tercera ronda del draft de ese año una semana antes. Las proyecciones iniciales colocaban al brazo como material de primera ronda en el sorteo, pero una lesión en su codo de lanzar que necesitó de cirugía Tommy John unos meses atrás hizo pensar dos veces a los scouts.

 

“Fue duro cuando se lesionó y le dieron el diagnóstico, pero es un muchacho con mucha determinación”, explicó su padre. “Desde el día posterior a la operación, su única meta era hacer todo lo indicado para recuperarse al máximo y poder pitchar, que es lo que adora hacer. Así que nos enfocamos en manejar el proceso con paciencia, pero él estaba comprometido a superarlo”, agregó.

Poco más de un año después de su firma, Luzardo fue cambiado a los Atléticos el 16 de julio de 2017, en una transacción que lo llevó a Oakland junto con el también prospecto Sheldon Neuse y el lanzador Blake Treinen a cambio de los también brazos Sean Doolittle y Ryan Madson.

Recuperado de su lesión, Luzardo ascendió como la espuma a través del sistema de granjas de los californianos y realizó su tan esperado debut en la gran carpa el 11 de septiembre del año pasado. En 12 entradas lanzadas desde el bullpen, el venezolano permitió apenas dos carreras limpias (1.50 EFE), con tres boletos otorgados y 16 ponches, además de sumar un par de rescates.

“Lo que más me impresiona de él es su habilidad para atacar a los bateadores con sus cuatro pitcheos, de los cuales tiene comando absoluto”, manifestó Jesús padre. “También es increíble su madurez en el montículo, tiene sangre fría. Si se pone nervioso, no lo demuestra”.

Esa frialdad en la lomita, a pesar de su corta experiencia en el mejor beisbol del mundo, quedó en evidencia durante su participación en la postemporada 2019, trabajando tres episodios en blanco con apenas un hit tolerado y cuatro contrarios recetados en el juego comodín de vida o muerte entre los Atléticos y los Rays en un repleto Coliseo de Oakland.

Transcurrida la temporada muerta, Luzardo llegó a los entrenamientos primaverales de los A’s con el camino despejado para formar parte de una promisoria rotación abridora del club; no obstante, el golpe de la pandemia del COVID-19 pospuso su estreno como iniciador en las mayores. Unos meses más tarde, cuando los entrenamientos de los 30 equipos se reiniciaron en sus respectivos estadios, Luzardo tuvo que ausentarse tras ser diagnosticado con el virus, situación que le impidió reportarse a la divisa durante las primeras dos semanas del “Summer Camp”.

 

Tras superar los protocolos de seguridad, mismos que obligan a un jugador que haya dado positivo a coronavirus a generar dos pruebas con resultado negativo en un lapso corto entre cada test, el zurdo se incorporó a las prácticas dirigidas por el mánager Bob Melvin, pero ante la falta de tiempo restante antes del inicio de la golpeada temporada 2020, Luzardo tuvo que regresar al bullpen mientras su brazo tomaba la carga suficiente para iniciar compromisos. Dos sólidas apariciones como relevista fueron suficientes para convencer a Melvin de incluir al criollo en su rotación.

En general, el nuevo fenómeno venezolano tiene récord de 2-1, efectividad de 3.74, en siete apariciones (cinco aperturas), 13 boletos y 34 ponches en 33 entradas y dos tercios de trabajo.

“Creo que lo maneja bien”, respondió Luzardo padre sobre el peso que lleva su hijo en los hombros con las proyecciones que lo señalan como el nuevo gran “as” criollo. “Sabe bien de lo que es capaz y lanza para seguir mejorando, no para satisfacer las expectativas de analistas y demás. Él aprecia esos elogios y todo el reconocimiento, pero es realista y sabe que tiene que seguir mejorando y trabajando. Ese es su enfoque”.

Después de todo, por dentro, ese zurdo de Oakland con recta de más de 97 millas por hora, sigue siendo solo un apasionado del beisbol, la comida zuliana y su país, ese que él mismo eligió como suyo.

“Tanto a nosotros, como a Jesús, nos encantaría verlo pitchar en el Luis Aparicio con el uniforme de las Águilas. Lamentablemente no sé si eso será posible, pero nos daría mucha ilusión si algún día ocurriera”, cerró.

 

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